Meditación caminando

“Muchos de nosotros caminamos por el simple propósito de ir de un lado a otro. Ahora supón que estamos caminando en un lugar sagrado. Caminaríamos en silencio y daríamos cada paso con reverencia. Te propongo que caminemos de esta manera cada vez que caminemos en la tierra. La tierra es sagrada y la tocamos con cada uno de nuestros pasos. Deberíamos ser muy respetuosos, puesto que estamos caminando sobre nuestra madre tierra. Si caminamos de esta manera, entonces cada uno de nuestros pasos nos arraigará a la tierra, cada paso será sanador.”

Thich Nhat Hanh

La meditación caminando puede ser nuestro mejor amigo. Siempre está disponible, siempre está ahí para nosotros. Nuestros pasos en meditación nos calman, tranquilizan, consuelan y abrazan cuando más lo necesitamos. Podemos practicar la meditación caminando donde quiera que estemos, yendo de nuestra casa la escuela u oficina, en la calle o dentro de un edificio, siempre que vayamos de un lado a otro, podemos hacerlo de manera consciente. Podemos practicarla cuando estamos felices, cuando nos sentimos solos o cuando estamos tristes. Caminar nos pone en contacto con nosotros mismos y con los elementos maravillosos y curativos de la vida que están a nuestro alrededor. Nos libera de lo que no necesitamos y que podemos tirar, y nos enraíza en la realidad.

No camines como un zombi

Caminar en meditación significa simplemente caminar sabiendo que estamos caminando. Al caminar así, estamos despiertos para nuestros pasos, despierto a nuestra vida aquí y ahora. Ponemos toda nuestra atención, todo nuestro corazón, en nuestros pasos. Simplemente estar con cada paso nos basta para lograr la quietud y la frescura en el momento de caminar.

Sincronizar la mente, los pasos y la respiración

Pongamos el 100% de nuestra atención en el contacto entre nuestros pies y el suelo y, poco a poco, combinamos nuestros pasos con nuestra respiración. Puede que al inhalar demos tres o cuatro pasos, y al exhalar quizá sean cinco o seis. No importa mucho la cantidad de pasos que demos, sino que en ese momento sólo seamos un ser que respira y camina.

Aterrizar en el momento presente

Cuando caminamos, podemos dejar ir realmente los pensamientos que rondan en nuestra cabeza. Abandonamos la tensión que pueda existir por lamentar algo que hemos dicho o hecho, el daño o la decepción por algo que sucedió en el pasado y abandonamos nuestros temores, ansiedades y estrés ante lo que hemos de afrontar en el futuro. Tan sólo nos concentramos en nuestros pasos. Liberándonos del peso del pasado y Liberándonos de la angustia por el futuro, aterrizamos, ligeros y libres, en el momento presente.

Despertando a la vida, a la libertad

Al sentir el contacto de nuestros pies con la tierra, damos nuestros pasos de forma sólida y libre, en lugar de hacerlo con prisa. Cada paso es nuestra vida: no podemos encontrar nuestra vida en el futuro. Así que vale la pena dar cada paso en serio, con todo nuestro ser presente, y no a la carrera. Ponemos toda nuestra atención en el punto de contacto entre nuestros pies y el suelo. Sabemos cuándo estamos caminando sobre asfalto, sobre piedras, sobre hierba o sobre tierra. Sentimos esa relación. Sentimos la brisa en nuestra cara, el calor del sol o el frío al atardecer. Sentimos la extensión del cielo sobre nuestra cabeza y la vasta tierra debajo de nuestros pies. Escuchamos el canto de los pájaros, el viento en los árboles, o el ruido del tráfico y el ajetreo de la vida que nos rodea. Caminando así, tocamos la libertad.

En el ojo de la tormenta urbana

Si vivimos en una ciudad muy ajetreada, podemos hacerlo meditando. Podemos aprender a caminar libremente y, al mismo tiempo, rápido. Podemos caminar rápido pero sin prisa, porque estamos presentes en cada paso. A pesar del tráfico, de las sirenas y del estrés que pueda haber a nuestro alrededor, utilizamos la plena conciencia para poner nuestra atención en el cielo, los árboles, la tierra o las flores. Podemos encontrar fuentes de solidez y de frescura y escogerlas como punto de referencia. Mientras caminamos, dejamos que nuestras preocupaciones se vayan a la acera y liberamos la tensión en los hombros y en el pecho. Caminando así somos dueños de nuestra vida y de nuestro entorno; no nos dejamos ser arrastrados por las multitudes de las horas pico, no asumimos su estrés como el nuestros. Nuestras meditaciones caminando por el centro de la ciudad pueden ser verdaderos momentos de libertad y de descanso, y ser realmente nosotros, y vivir realmente nuestra vida.

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